La tolerancia a la frustración: un logro de la buena crianza.
Publicado: 2010-04-13
Doctor Juan Fernando Gómez Ramírez.
Autor: Doctor Juan Fernando Gómez Ramírez.
Pediatra Corporación de Amor al Niño “CARIÑO”
Compilador: Dr Gustavo Adolfo Carmona Tobón. CSMR.
Tomado de el periódico El Colombiano
Es necesario inculcar en los hijos la vivencia de que en la realidad cotidiana se siente gratificación, cuando para obtener las cosas que se desean se ha tenido que trabajar y sacrificarse ofreciendo lo mejor de cada uno. Cuando las cosas se han obtenido de esta manera se está en capacidad de valorarlas y apreciarlas en toda su magnitud.
Los tiempos difíciles que vivimos hacen recomendable que durante el proceso de la crianza nuestros hijos adquieran la fortaleza suficiente, para afrontar con éxito las dificultades que necesariamente encontrarán en su discurrir por la vida.
Una corriente influyente del pensamiento en torno a la crianza mantuvo por muchos años, y hasta hace muy poco, el concepto de que la frustración era negativa para los niños y que por lo tanto todo lo que se hiciera por evitarla era altamente deseable.
Hoy, por el contrario, algún nivel de frustración se considera necesario para la formación del carácter en el contexto de un crecimiento emocional sano, que permita un manejo asertivo de la realidad adulta. El afrontamiento de las dificultades permite desarrollar de manera notoria la inventiva y la creatividad, además de la perseverancia.
Es necesario inculcar en los hijos la vivencia de que en la realidad cotidiana se siente gratificación, cuando para obtener las cosas que se desean se ha tenido que trabajar y sacrificarse ofreciendo lo mejor de cada uno. Cuando las cosas se han obtenido de esta manera se está en capacidad de valorarlas y apreciarlas en toda sus magnitud. Para avalar lo dicho, viene con facilidad a la memoria la felicidad que sentíamos al comprar un juguete con el producto de lo ahorrado en la alcancía durante mucho tiempo.
Una mención especial merece en este contexto el concepto de muchos padres cuando afirma: quiero que mis hijos tengan lo que yo no tuve, que puede llevar a los mimos excesivos y a darles gusto en todo a sus hijos, con lo cual la tolerancia a la frustración es casi nula, haciendo que los niños no acepten nada que los contraríe o que consideren desagradable y que crezcan convencidos de que la vida todo se los debe, lo que los llevará a un pobre autocontrol y a limitaciones importantes de ajuste una vez que se incorporen al tejido social.
A los niños hay que ayudarles a entender los errores como oportunidades para aprender y rectificar, y que el reconocerlos los cualifica como seres humanos y facilita la posibilidad de crecer y mejorar hacia el futuro.
En dicho contexto, se plantean algunas ideas tendientes a la construcción de este fin:
No haga por su hijo lo que él sea capaz de hacer por si solo.
Evite al máximo la sobreprotección, puesto que genera en el niño un sentimiento de minusvalía que va a afectar su nivel de autoestima.
Estimule en el niño la creatividad para que se convierta en un elemento determinante para el afrontamiento asertivo de los problemas.
Inculque en sus hijos el concepto de que en el juego de la vida se gana y se pierde y ayúdeles a afrontar con entereza ambas situaciones.
Por último, y no por ello menos importante, asegúrese de que su hijo se sienta amado, lo que le ayudará muchísimo en la solución de sus dificultades, pues como lo afirmó Goethe “Saberse amado produce más fuerza que saberse fuerte”.
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